Quizás debería llorarte un mar de lágrimas, uno de esos que ahoguen, que inunden de salitre los poros.
Y es que no puedo no sentirme así. Triste. Vacía. Desilusionada.
Por eso quizás debería llorarte un mar de lágrimas. Para limpiarme. Para lavarme de vos.
Y es que estoy cansada de soñarte. De mirarte a lo lejos. De sentirte ausente.
No vas a volver.
O sí, cuando comience a volar.
Pero ahora, que tengo las alas cortas, que piso la tierra y te pienso, no. Y eso me entristece.
Y es que te creo, y es que me convencés. Y es que lográs que todo esto que escribo desaparezca de inmediato con sólo sonreír. Es por eso que no te hablo, o intento no hacerlo.
No te hablo para no olvidarme de que debería llorarte un mar de lágrimas, de esas que arrastren todo lo que depositaste en mi en pequeñas, pero fuertes, dosis.
No te hablo aunque te sueñe, aunque te piense, aunque necesite imperiosamente renovar la esperanza de que un día, me digas que me querés con vos, que nos querés juntos.
No te hablo porque sé que no vas a volver.
¿Por qué no me hablás vos?
Quizás debería llorarte un mar de lágrimas.
Uno de esos que ahoguen.
Pero no puedo…
aún.
aún.
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