“Amiga te voy a necesitar mucho. Estoy pasando el peor momento de mi vida. Te quiero” me dijo y se cayó el mundo. Vacío. Nervios. Incertidumbre. Algo había pasado, hacía horas que estaba rara, rara conmigo, rara con el mundo.
Su casa permaneció vacía por días. La cortina corrida. El humo de cigarro ausente. La pava sin silbar sobre la hornalla apagada. Una casa vacía de ella.
“Estoy pasando el peor momento de mi vida” me dijo, y quise salir corriendo a su encuentro, abrazarla y decirle que cuente conmigo, que siempre estuve, que siempre estoy, que siempre estaré. Pero no supe dónde encontrarla, nunca me lo dijo.
Vacío. Nervios. Incertidumbre. Un círculo en el pasto del fondo de mi casa, un círculo que caminé mientras pensaba, pensaba en ella, en qué hacer, en cómo ayudarla.
La vida no me ha enseñado cómo actuar en estas situaciones, y creo que nunca lo hará. “Soy inútil” pensé. Inútil para ella que me necesitaba, que me necesita.
La tensión me superó. La ignorancia, también. Crucé la calle. En frente, en la casa de su hermano, había gente, y pregunté. Pregunté “¿Qué pasó?” sin saber cómo se pregunta algo así, no ante semejante preludio, “El peor momento de mi vida”.
Tampoco sé cómo actuar cuando me entero que alguien murió. Menos alguien como la que falleció, tan ajena a mí, tan cercana a mi amiga. Yo quería abrazarla, a mi amiga, quería decirle que la quiero, que todo iba a estar bien, que íbamos a tomar un café, o a dar una vuelta y despejarnos, pero no pude. Lo dije, no sé cómo actuar cuando alguien muere. La llamé por teléfono, “No puedo hablar ahora”, me dijo. No la quise invadir.
Hace veinte años que somos amigas. Veinte. Y no estoy ahí con ella, estoy acá, escribiéndole. Supongo que porque la respeto, porque no quiero que se sienta incómoda. “Te voy a necesitar mucho”, “No puedo hablar ahora”, esa dualidad me dijo. Por eso espero, espero su llamado, espero que me diga “vení”, y yo iré a su encuentro. Porque es mi amiga, porque la quiero.
Y no es porque no quiera estar ahí, no es porque no me interese, no es porque no sienta su dolor. Es porque la conozco y sé que, cuando ella realmente me necesite, cuando quiera que vaya, no va a requerir más que decir “gorda”, que yo voy a estar ahí… para cuidarla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario