A sabiendas de que nunca va a llegar, espero un mensaje tuyo. Un escrito, una señal, una llamada, algo que sostenga la teoría más absurda, la hipótesis más mediocre, algo que me pruebe que todavía pensás en mí, que todavía sentís nostalgia de lo que fue, nostalgia de lo que fuimos.
Supongo que hace tiempo que soy consciente de eso, supongo que ya lo interioricé. No vas a escribirme. Ni hoy, ni mañana. No vas a escribirme más.
Está claro que mi idiotez es colosal. Espero algo que sé que no va a llegar. Espero, aunque deteste esperar. Me se idiota, me se impaciente. Me se un despojo, me se un desastre. Y es un poco por tu culpa. Y no porque no me escribas, y no porque no me pienses. Es un poco por tu culpa porque te olvidaste un mar de tus restos en mi pieza, en mi vida, en mis recuerdos.
Tendrías que habértelos llevado.
Y tendrías que haberlo hecho porque así hoy yo no me sabría idiota, no me sabría impaciente, tampoco me sabría un despojo, ni un desastre. Hoy no esperaría un mensaje tuyo a sabiendas de que nunca va a llegar. Hoy no tendrías la culpa de no haberte llevado tus restos. Hoy tendría otras teorías, otras hipótesis.
Pero no te llevaste tus restos. Ni tampoco vas a volver, ni siquiera para agarrar todo eso que dejaste, y llevártelo como tendrías que haberlo hecho.
No vas a volver y por eso yo espero, a sabiendas de que nunca va a llegar, un mensaje tuyo que me pruebe que todavía pensás en mí, que todavía sentís nostalgia de lo que fue, nostalgia de lo que fuimos.
Complicado, tal y como mis días últimamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario