Él le dijo que la quería.
Ella no respondió. Eran demasiadas las cosas que tenía en cuenta para exteriorizar lo que le pasaba. Las habladurías de su cabeza.
Él le dijo que la quería. Otra vez.
Ella, estúpidamente novata, bajó la vista y se hundió en el asfalto mojado, socavando el cemento, la tierra profunda.
Pareció una negativa.
Ella lo vio irse corriendo bajo la lluvia.
Y calló.
Todavía lo hace.
Pero lo quiere. Lo quiere en secreto.
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