"Lo lindo radica en lo simple" pensó, y lo escribió en un libro, en esa hoja en blanco que antecede al Facundo.
Lo lindo como respirar. Lo involuntariamente fácil de llenar los pulmones de aire y exhalar liviandad.
Ella quería que su vida sea así, continua, satisfactoria, y llena, muy llena de aire.
Pero claro que sabía que decir no era hacer. Sabía que hacía falta mucha soda para alivianar lo complejo que todo le resultaba. Y le faltaba soda, justamente, por el gas etéreo y por el picor de las burbujas.
Descubrió, entonces, que su vida no era simple, y que tampoco era del todo linda. Pero, sin querer, pasó que conoció a ese muchacho. El simple, el tranquilo, el lindo. Y pensó que, quizás, él era el torrente, la medida justa de soda que necesitaba para estar mejor.
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